Os lo presento: se llama Manolito. Este verano he estado un poco ausente, bastante. Y tuvo algo que ver esta tierna criaturilla. Manolito, como lo bautizó mi padre, no era más que un rulo de algodón y no sé qué más que llegó a los brazos de papá después de que lo operaran de corazón en el mes de Agosto. En el hospital, a los recién operados de corazón, se lo dan para que mantengan la posición de los brazos y para, en casos de tos y estornudos, tengan donde agarrarse, porque en estas operaciones el postoperatorio resulta muy doloroso. Me pareció que Manolito no podía permanecer desnudo en el mundo, y que conste que soy gran defensora del naturismo, pero necesitaba un alma, un gesto, un color, unos ojillos a los que mirar para agradecerle haber cuidado del corazón de mi papi todos los días, todas las noches... Y así nació la idea, se lo consulté a Kokoro y dicho y hecho. No tuvimos mucho tiempo de filigranas, pero lo disfrutamos mucho. Porque con Manolito todo fue coser y cantar y agradecer que viniera al mundo para cuidar de uno de mis corazones preferidos. Kokoro (corazón en japonés) fue más Kokoro que nunca. Y yo me siento tan afortunada por ello... ¡Gracias!
KOKORO ABRE LOS OJOS
Abrir la ventana, respirar hondo, llenarme de recuerdos: los paseos por Kyoto, las grullas de papel de Hiroshima, las luces de Tokyo... imágenes, aromas, colores... tengo un rostro de muñeca en la mente, coser, recortar, bordar... se llama Lolita Glamour: es mi primer broche. Cómo llamar a esto que mueve mis manos hacia algo nuevo, un impulso, un latido: es algo muy dentro, esencial, hondo... parecido al escenario, pero en pequeño, íntimo. ¿Cómo llamarlo? A mi mente vienen muchas palabras, pensadas, discernidas... No, no es eso. Una mañana me levanto y digo: Kokoro! Eso, como un latido, espontáneo. Kokoro, en japonés, significa todo eso y mucho más. Kokoro es el corazón, la esencia de las cosas, el alma. Se llamará KOKORO, mi pequeño latir, a solas, sin público.
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jueves, 23 de septiembre de 2010
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